Buenas tardes,

esta es la primera entrada que hago en el blog, en esta entrada voy a dejar el último relato que he escrito, 

es muy personal, espero que le guste a quien lo lea.

un saludo

La operación.

Nací hace unos años, exactamente 50, fue un parto fácil, ya que soy el menor de 5 hermanos, y mi madre debido a que en el anterior parto había tenido muchos dolores decidió ponerse la epidural, con lo que apenas sintió la maldición bíblica con mi alumbramiento.

Todo fue bien, pero a los 8 meses de edad mi madre me llevó al médico para indicarle que al llorar me ponía azul. Al realizarme pruebas me detectaron una enfermedad cardiaca congénita con el nombre de tetralogía de Fallot, de la cual me operaron a la edad de 6 años, afortunadamente todo fue bien, y hasta la fecha he podido disfrutar de una buena calidad de vida.

Tras aquella operación, he tenido revisiones médicas periódicas para comprobar el funcionamiento de mi corazón, en los primeros años recuerdo que las revisiones consistían en dos placas torácicas, una frontal y otra lateral y un electro, el médico superponía la placa frontal del año anterior con la que me había hecho ese año y si el corazón no había cambiado su tamaño todo iba bien, así estuve hasta los 35 años, cuando en una revisión me detectaron algo en el funcionamiento del corazón, me dijeron que me tendrían que operar y me derivaron al hospital la Fe, que está situado en la ciudad de Valencia y como puede comprobar con posterioridad un referente en ese tipo de operaciones.

Allí el médico que me atendió, especialista en cardiopatías congénitas en adultos, me dijo que sí, que con el tiempo tal vez me tuvieran que operar, pero que por el momento y mientras que yo me encontrase bien y no me fatigase no lo veía conveniente.

Así pasaron los años, las pruebas que me realizaban periódicamente ya no eran un par de placas torácicas y un electro, eran más diversas, eco-cardio, continuaban con el electro, resonancia magnética, pruebas de esfuerzo, holter…., estas pruebas se iban espaciando en el tiempo, con ellas se comprueba en funcionamiento del corazón y también su tamaño, e iba comparando los resultados año tras año, siempre que acudía a su consulta (aproximadamente cada ocho meses), me hacía la misma pregunta: si me encontraba bien.. Yo siempre le respondía que sí, porque esa es la verdad, en las actividades diarias no notaba ningún síntoma, tal vez me cansaba un poco más que cuando era más joven, pero claro ya tenía 47 años y me iba haciendo mayor, en la revisión de ese año me comentó que me tendrían que operar, aunque yo no notase nada, mi corazón se iba agrandando y eso significaba, que estaba sufriendo, le costaba hacer más su trabajo, por lo que con mi consentimiento me pusieron en la lista de espera para la realizar la intervención quirúrgica. Me comentó que no era una operación urgente, pero que para que el corazón no padeciera era conveniente realizarla.

Cuando me dieron la noticia, me preocupé, lo considero natural, no creo que sea del agrado de nadie pasar por un quirófano y más para realizar una operación a corazón abierto y a raíz de mi preocupación me cuidé más de lo que normalmente ya hago, haciendo ejercicio, pero no extenuante para mantener el corazón en buena forma para la operación, esto me daba un objetivo, algo con lo que mantenerme ocupado, pensando en que hacía alguna cosa.

La operación iba a consistir en colocar una válvula pulmonar de origen animal, en concreto de origen porcino en mi corazón, me explicó que este tipo de válvulas biológicas tienen una duración limitada, entre 10 y 15 años, pero que evitaría la necesidad de tomar anticoagulantes de por vida, como ocurre con las válvulas mecánicas.

Pasaron casi año y medio hasta que no me llamaron para empezar a realizar las pruebas preoperatorias, y también me indicaron unos ejercicios respiratorios que tendría que realizar antes de la operación, respiración abdominal, hacer subir unas bolitas de plástico con la fuerza de la inspiración y también espirar por una pajita pausadamente dentro de una botella semillena de agua, alargando la espiración.

Así pasó medio año más, y me citaron para realizar la intervención el 12 de noviembre. Tenía que llegar el día de antes por la tarde, esa tarde me prepararían para la operación del día siguiente.

Llegué creo que sobre las 16:30 h, mi hermana me acompañó esa tarde para que no pasase solo la noche antes de la operación. La preparación consistía en depilarme el cuerpo entero, así como ponerme un enema para estar limpio por dentro y por fuera. Tampoco podía beber agua 12 horas de la intervención.

Al día siguiente, por la mañana temprano vino a recogerme un celador que me llevó en la camilla hasta la sala de preparación de la operación, donde un anestesista que yo consideré joven y que iba un poco acelerado, me dijo que había preparado unos chupitos y que al primero invitaba él, como me habían colocado la vía en el brazo, la noche anterior sólo tuvo que introducirla por la vía y ya me quedé traspuesto.

Lo siguiente que recuerdo es que estaban mi hermana y mi mujer. Fue mi hermana quien me dijo que todo había ido muy bien, que la operación había durado menos de lo previsto y en dos horas y media ya habían terminado. Yo me sentía aturdido recuerdo que tenía una vía en la yugular, una sonda para la orina y dos tubos que salían de mi tripa, posteriormente me enteré que eran drenajes de la pleura y del pericardio.

Tras la operación, me llevaron a una sala amplia. Los pacientes estábamos separados por mamparas, y en el centro se encontraban los enfermeros Al iniciar el turno, a cada uno de los enfermeros se le asignaba creo que un solo paciente, ya que los que estábamos allí nos encontrábamos en estado crítico. Creo recordar a mí me suministraban morfina por la vía que tenía en la yugular cada seis horas. Noté algo peculiar: la morfina me provocaba alucinaciones constantes, tanto con los ojos abiertos como cerrados. No eran simples manchas o destellos, sino imágenes nítidas de palmeras y calaveras mexicanas que desfilaban ante mí. Busqué información sobre esto más tarde, pero no encontré referencias exactas a este efecto secundario. Sin embargo, puedo asegurar que lo viví con total claridad.

El primer día apenas si me enteraba de nada, poco a poco mi cuerpo fue recuperándose y me daba cuenta que cada vez me inyectaban la morfina empezaba a sudar con mucha profusión. No sentía dolor, solo las molestias de estar acostado sin apenas poder moverme, por los tubos. La primera noche que pasé allí, murió un bebé, su madre lloraba cerca de mí, eso me llenó de tristeza, a mi alrededor muchos de los pacientes encamados no paraban de gritar, la segunda noche, uno de los que más gritaba, con una voz que a mí me sonaba familiar, también falleció. digo que era por la noche aunque yo no podría asegurarlo, ya que la habitación en la que estaba no tenía ventanas y la iluminación era constante, sólo se iban relevando los enfermeros que nos cuidaban.

Lo que realmente me ha movido a escribir este relato son los enfermeros que nos cuidaban allí. La verdad es que, llegado a este punto, apenas puedo definirlos. No porque no recuerde sus caras, sino porque es difícil poner en palabras lo que sucedía entre ellos.

Desde el primer momento, me parecieron personas increíblemente inteligentes, pero lo que más resaltaba en ellos no era su conocimiento, sino su complicidad, su camaradería. No hacían las cosas por quedar bien ni por simple obligación. La sensación que tuve era que ellos estaban allí dentro, con nosotros, los moribundos, completamente entregados a nuestro cuidado, sin reservas, sin barreras. Nunca antes había visto un vínculo tan estrecho entre compañeros ni personas tan dedicadas, tal vez la cercanía de la muerte que habían visto en tantas ocasiones los llevaba a apreciar más la sinceridad en las relaciones humanas.

Por eso, quiero darles mi más sincero agradecimiento. Su labor no solo salvó vidas, sino que nos hizo sentir acompañados en los momentos más vulnerables. Son ellos, más que nadie, quienes merecen ser recordados en esta historia."

Tras estar tres días en la sala de recuperación me trasladaron a planta, allí todo cambió. Tenía una habitación para mí solo y mis hermanos, un sobrino y un amigo se ofrecieron a cuidarme haciendo relevos cada 24h., también a ellos me gustaría agradecerles su compañía en aquellos momentos en que tan débil me encontraba.

En planta estuve 3 días más, y me trasladaron a casa de mi madre al cuarto día, fui en una ambulancia, con muchas ganas de dejar el hospital.

Poco a poco fui recuperando las fuerzas, dando paseos cada vez más largos, pero sin excederme demasiado, aún estaba convaleciente, yo mismo me hacía las curas de la herida, que parece que ha cicatrizado bien, sólo ha quedado una zona que muestra una pequeña rojez.

A los diez días ya puede volver a casa y estuve de baja unos tres meses más, hasta mi completa recuperación física.

Lo que espero haber aprendido de esta experiencia es la inevitabilidad de la muerte, ahora me he recuperado, pero tarde o temprano he de morir, esto me hace ver las cosas con otra perspectiva, creo que las cosas materiales aunque necesarias no son lo más importante.

Por ejemplo, antes de ser operado había realizado un examen de oposiciones que afortunadamente aprobé, pero luego en la revisión de las bases, función pública detectó que no reunía las condiciones para poder presentarme al examen y me echaron fuera del proceso selectivo, este hecho me disgustó mucho, me disgustó mucho. Al principio, no entendía en qué me había equivocado, pero con el tiempo lo acepté, afortunadamente tengo un empleo, aunque cobre poco, tal vez no me vuelva a presentar a esas oposiciones, como mencioné al inicio del relato, ya tengo 50 años. Si decidiera volver a intentarlo y aprobara, tendría 53 o 54 años cuando finalmente accediera al puesto. Ahora sí cumplo los requisitos, pero no sé si quiero volver a pasar por todo el esfuerzo que implica estudiar. Prefiero pasar más tiempo con mis hijos, en lugar de estar dedicándolo nuevamente al estudio.

Bueno eso debería ser así, que hubiera aprendido la lección y que no me importase tanto el bienestar material, pero no es así, continúo preocupado por que no llegamos a final de mes, buscando posibles ingresos extra, empleando mi tiempo en ello.

 

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